Llovía. Serían las dos de la madrugada. Después de la noticias de la muerte de Zack, me apetecía distanciarme del mundo. Subí una calle con bastante dificultad y giré a la izquierda. Parecía que esa era la zona en la que se agrupaban los pub’s de la ciudad. Había un pequeño grupo de chicas muy jóvenes y muy borrachas hablando en la acera opuesta a la que yo estaba transitando. El primer local que vi tenía buna pinta… pero demasiada gente para mi gusto, por lo que seguí caminando.
Me detuve, finalmente, frente un local que tenía una leve iluminación de tono azulado. No se veía bien lo que había en el interior, pero no se oía demasiado barullo, lo que me incitó a entrar. Así lo hice. Delante de mí se presentaba un pasillo. A la derecha la barra. A la izquierda algunas mesas con sillones. El pasillo llevaba, sin puerta que separase el local, hasta una habitación más grande y ancha. Mientras recorría el pasillo, observé a la gente que se encontraba allí. Me paré en el camarero. Iba bastante elegante. Una camisa negra con una corbata del mismo color y unos pantalones a juego. Llegué hasta el final del pasillo y me detuve a observar a la gente que estaba sentada en las mesas. A mi izquierda, cerca de los lavabos, había una pareja sentada, muy acaramelados. Él estaba tomando un Carolans o algo así, mientras que ella tomaba algo con limón. El chico no pasaría de los 20 años, llevaba ropas tan negras como el camarero. La chica que le acompañaba, más o menos tendría la misma edad; llevaba una camiseta negra y unos vaqueros. Giré la vista y, dos mesas más allá, un grupo de dos parejas charlaba animadamente. Más hacia el centro de la sala, un hombre bastante… bien alimentado, fumaba un puro y tomaba una copa de whisky mientras su mujer disfrutaba luciendo sus joyas y su vestido, mientras tomaba algún líquido incoloro en un vaso de tubo.
En la pared del fondo, me llamó la atención una pantalla que mostraba un curioso videoclip, en el que las imágenes que se veían, en lugar de contar una historia de principio a fin, iban en sentido inverso al habitual.
Me senté en una mesa medio apartada y pedí un whisky con hielo. Cuando posaron el vaso sobre mi mesa, iba acompañado de la cuenta, lo que me extrañó enormemente. Aunque también me parecía muy práctico.
Empecé a pensar mientras miraba los hielos, con una forma bastante poco común, que daban vueltas en el vaso, mientras poco a poco iba bebiendo el contenido del vaso. Ya llevaba un rato en el local cuando me entraron ganas de ir al lavabo. Me sorprendió ver que la pareja de jóvenes seguía en su esquina, tan acaramelados como antes, pero con bastante menos bebida en sus respectivos vasos.
Sorprendentemente los lavabos tenían cierta elegancia que me recordaba a la que sería exquisita hacía diez años… como si el local tuviera ese tiempo y hubiera conservado la elegancia de entonces intacta, lo que le daba un aire especial.
Al salir de ahí, la pareja de jóvenes ya estaban en la barra, esperando a que el camarero les cobrase. A ambos se les veía contentos… como si supieran lo que les venía ahora y estuvieran satisfechos.
Volví a mi sitio a terminar con mi bebida. No me quedaba demasiado, y los hielos ya se habían derretido, por lo que no tardé mucho. Miré la cuenta, saqué el dinero y lo puse en el platillo; tras levantarme dejé todo eso sobre la barra, sin detenerme a esperar. Salí del local y una brisa fresca me despejó ligeramente la mente.
Me puse los cascos. Me apetecía escuchar más música y la del pub no salía de sus muros. Puse el volumen todo lo alto que pude y, medio borracho, medio mareado, bastante sordo, medio dormido y más desconcertado que antes, empecé a caminar por la ciudad una vez más. No hacía frío… por lo menos yo no lo notaba. Me detuve en un parque, frente a un hotel, a mirar el cielo. Hasta ese momento no me di cuenta de que había cesado la lluvia durante mi estancia en el local. Las nubes se habían ido y las estrellas, acompañando a la luna, le daban al cielo un aspecto muy caprichoso. Me dormí.
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