18 noviembre 2006

Distracción

No acostumbraba a salir tan temprano, pero ese día le apeteció. Le gustaba encender el mp3 a todo volumen e ignorar al resto del mundo. Por lo menos en el camino hasta el instituto, donde tendría que volver a la realidad y olvidar el mundo fantástico en el que se metía; ese mundo en el que tanto disfrutaba estando. Salió media hora antes de lo habitual. Todavía no había amanecido, y eso le gustó. Le gustaba ver el cambio gradual de tono que iba sufriendo el cielo según el tiempo pasaba, los colores que iba adquiriendo según el sol se levantaba y lo que quedaba de ellos, cuando las nubes los tomaban prestados. También disfrutaba al ver los reflejos que los cristales dejaban en su camino y las figuras recortadas de los pájaros que vuelan a la vez que cantan en el cielo.
La primera canción que empezó a sonar en el mp3 era una canción que le gustaba mucho. Era una canción que ponía cada vez que quería pensar, pues era instrumental y no había letra que le pudiera distraer. La canción comenzó a sonar y una sonrisa se asomó lentamente en sus labios cuando la reconoció. Sin embargo, a pesar de ello y de la fuerza y energía que transmitía la canción, su pasó siguió siendo lento, pero más firme.
Las personas que solían salir a la calle a esas horas y que, igual que siempre, ese día estaban siguiendo su rutina, se extrañaron al ver a un joven con unas vestimentas tan extrañas. A pesar de ello, él actuaba como si estuviera solo. Caminaba en línea recta, por el medio de la acera, dejando que la gabardina ondease al viento.
Poco a poco, la sonrisa se convirtió en una mueca de atrevimiento. En una sonrisa de satisfacción. La música golpeaba en sus tímpanos y le transmitía una energía misteriosa, que le hacía sentirse capaz de realizar cualquier acto que se propusiera.
En su andar, seguía el ritmo de la música, disfrutando cada instrumento, cada compás, cada nota, cada vibración...
Se soltó el pelo, levantó la cabeza y miró fijamente a los ojos de un transeúnte que, por un instante, deseó no estar ahí y no pudo ocultar la mueca de susto.
Repentinamente, silencio... la canción había acabado y la energía dejó de fluir entre sus células. La sonrisa atrevida rápidamente se metamorfoseó en una mueca de tristeza. La siguiente canción era una que le traía recuerdos... posiblemente en otra época los hubiera calificado como buenos recuerdos, incluso tal vez hasta deliciosos... pero ahora dolían. El paso lento y firme se convirtió en un extraño vaivén de piernas, inseguro e inestable. Sus ojos miraban en dirección al suelo, pero no se fijaban en nada. Sus pensamientos de dolor lo cegaron ante todo.
Tanto lo cegaron, que no vio que las baldosas con recuadros que llevaba recorriendo varios metros se convirtieron poco a poco en asfalto liso, oscuro y frío. Tan ciego se quedó, que la línea blanca sobre la que puso el pie no le indicó nada. La ceguera llegó hasta tal punto, que las luces que se aproximaron rápidamente por su izquierda no le advirtieron de nada. Su dolor era tan fuerte, que también estaba sordo ante el claxon que sonó, instantes antes de convertir el dolor mental en físico…

Y luego silencio… y oscuridad.

26 octubre 2006

Vida #1

Tiempo ha que no me pasaba por aquí... El texto que pondré a continuación, es el capítulo 1 del último episodio de mi vida...

Me prometí a mi mismo que no lo pondría aquí hasta que no lo hubiera completado... pero no he hecho nada hasta ahroa desde hace más de una semana y también me prometí mantenerlo más o menos actualizado. Aquí cuento en poco más de dos páginas, el desarrollo de unos hechosque incluyen una extraña relación con una extraña persona, elotra relación con otra persona, incluyendo el final de esta segunda relación, y el momento, el modo y los caminos que seguí hasta conocer a mi actual pareja...

En los capítulos siguientes, redactaré mi relación con mi pareja y los problemas más destacables en ella, así como los mejores momentos surgidos a lo largo de la misma.

Capítulo 1

Un breve resumen



- ¡Vete a la mierda!
Así terminó la discusión. Dufil hacía tiempo que deseaba aclarar las cosas con Alba… pero quizás no de esa manera. De todas formas, ya no había vuelta atrás. Esa pelea era la definitiva.
Dufil se dio la vuelta y volvió a su clase. No pensó en nada el resto del día. Al llegar a casa, se tumbó en su cama y recordó ese 3 de diciembre… Su relación con Alba había cambiado ligeramente. Ambos habían confesado que creían sentir algo más por el otro, pero que mejor sería dejarlo de lado, pues ninguno estaba seguro. Ese miércoles, en el recreo, Dufil salía del baño cuando se encontró con Alba. Un par de malentendidos el lunes habían hecho que no se encontraran el martes. Al verla, el joven se extrañó.
- Tú sabes bailar tango, ¿No?
- Ehm… sí, sé – Hasta ese momento, Dufil no había reparado en Victoria, que acompañaba a Alba.
- ¿Podrías enseñarnos a nosotras 4? Es que es para el día de la paz…
- Bueno, vale… os enseñaré.
- Perfecto. – Alba agarró a Dufil por el brazo y lo arrastró por los pasillos del colegio hasta el salón de actos.
Allí, subidos en el escenario, Dufil intentó indicarles a Alba, a las dos Victoria y a otra chica cuyo nombre nunca tuvo claro, los pasos básicos de baile. Debido a la diferencia de confianza con las demás, Dufil utilizó a Alba como acompañante.
Veinte minutos después, Alba estaba sentada sobre las piernas de Dufil, abrazándolo por el cuello y pidiéndole para salir.
- Pues… vale.
Ahí acabó todo. La sirena indicó el final del recreo y el día continuaba. Ni un beso de despedida, ni un abrazo cariñoso…
Al día siguiente, Elenita se acercó a Dufil y le invitó a ir a su cumpleaños, que se realizaría en sábado, añadiendo el dato de que Alba también iría, a pesar de que había faltado ese día a clase. Del jueves no recordaba nada más. El viernes, había sido un día decepcionante.
En la hora libre que tienen antes del comedor, Alba se había mostrado de todo ante Dufil excepto cariñosa… casi le había ignorado por completo, a excepción de un momento de abrazo. Las sospechas y las desconfianzas habían empezado.
Sábado. El regalo de Elena estaba listo. Dufil estaba preparado y tenía la dirección en un papel. Una vez allí, y tras descifrar el modo de llamar al telefonillo, descubrió que era el primero en llegar. Poco a poco fueron llegando las demás personas: la otra Elena, Alba y dos chicas más con las que nunca se había llevado del todo. El cumpleaños fue de todo menos lo que él esperaba. Al igual que el día anterior, Alba le había ignorado completamente. Además, había llegado a sus oídos la noticia de que “el domingo Alba cortará la relación”. No se atrevió a acercarse a ella en todo el cumpleaños. Puesto que él era el último que se iría, esperó a que Alba abandonara la casa para mandarle un mensaje anunciando el cese del noviazgo. La respuesta no se hizo esperar. Excepto por el “seguimos siendo amigos”, el mensaje era perfecto.
Lunes siguiente… Dufil se juntó con su gran amigo Brais y se pusieron a hablar un poco del asunto. La carencia de sentido ante la actuación de Alba los tenía a ambos desconcertados, hasta el momento de descubrir que Andrés había empezado una relación con ella pocos minutos después de haber recibido el mensaje de Dufil.

Ya era 18 de diciembre, y la pelea había sido a grito pelado, en medio del pasillo del colegio. Ninguno dio el brazo a torcer.
Los días pasaron. Dufil no había dejado de estar con Alba, puesto que tenían amigos en común. Pero procuraban no dirigirse demasiado la palabra. En los siguientes días, Dufil escuchó la palabra wicca en varias ocasiones de la boca de su ex-compañera y la intriga se le metió en el cuerpo. A pesar de ello, decidió dejarlo pasar.

Las vacaciones de Navidad fueron geniales para Dufil. Una vieja amiga, Cris, reapareció en su vida. Además había conocido a otra chica, Maite, con la que se llevaba bastante bien, aunque todo había sido por Messenger.
Llegó enero, y con él la vuelta a las clases. Dufil había tenido tiempo de sobra para pensar a cerca de lo que había sido su relación con Alba y sobre lo bien que se habían llevado, como para estropear la relación que tenían. Por lo que uno de los primeros días de clase, en un recreo, aprovechó para acercarse a Alba y pedir disculpas. El “vale” que salió de la boca de Alba como respuesta lo desconcertó, por lo que, al día siguiente, más tranquilo y tras haber pensado en qué decirle, se acercó y le preguntó:
- Ayer, cuando te pedí perdón… tu respuesta fue “vale”… me preguntaba si eso es que me habías perdonado o no…
- ¿Si te digo que todavía deseo que te caiga una bomba nuclear en la cabeza?

A Dufil se le ocurrieron tres o cuatro respuestas graciosas a ese comentario… pero decidió no decir ninguna.

El enfado de Alba a los pocos días se calmó y se volvieron a hacer amigos, pero a Dufil le seguía interesando el detalle de la palabra “wicca” que tantas veces había escuchado mencionar a su compañera. De todas formas, no preguntó nada.

Fuera del colegio, la vida de Dufil cambiaba radicalmente. Cada vez hablaba más con Andrea… esa chica que había conocido a través de un amigo de Maite. Por otro lado, sus amigos y Cristina encajaban bastante bien, por lo que no se privaba de estar con nadie. Poco a poco, las cosas empezaban a ir decentemente bien. A pesar de que con Alba no parecía estar todo solucionado completamente, no era un tema común y no se hacía un problema. También por esa época apareció Yurema… pero no es una historia que interfiera en lo ocurrido, así que no se darán detalles.
Enero terminó y febrero llegó. Las noticias buenas aparecieron por doquier… la relación con Cris comenzó aunque no se hizo oficial en ese mes. Juan llevaba todo el mes de muy buen humor y eso a Dufil le parecía una buena noticia. El grupo de amigos con el que Dufil solía estar, empezaba a tener un mejor trato con él. Al principio le pareció ligeramente sospechoso, pero pronto descartó las sospechas. Andrea, por otro lado, tenía su propia vida allí, en Barcelona, y Dufil siempre había sabido que su relación con ella no pasaría de lo que ya había sido, así que no le preocupó.
En marzo, a principios, Cris y Dufil anunciaron la formalidad de su relación. Ese mismo mes, a pesar de lo poco que había durado esa relación, ya se habían hecho cosas de las que posteriormente uno podría arrepentirse. Entonces fue cuando Dufil, ya en la cumbre de la felicidad, cayó en picado: una tarde descubrió que Cris y Juan se llevaban mejor de lo que él podía permitir. Su grupo de amigos lo sabían y no querían decirle nada; cuando se enteraron de que él lo había descubierto, lo dejaron de lado. Algunas de sus cosas más íntimas que le había contado a Cris, pasaron a manos de sus enemigos y, poco a poco, todos sus amigos se distanciaron de él.
Una vez más, el ordenador se volvió su rutina. Acostumbraba a pasarse horas y horas chateando con sus amigos, mientras miraba páginas web de diversos temas y con diversos objetivos. La escuela pasó, una vez más, a ser parte secundaria en su vida y, sus amigos de allí, poco a poco también se alejaban. Todo esto pasó todo abril y la primera semana de mayo.
Una leve discusión con Alba sobre temas anteriores que pasó en mayo, recobró el interés que tenía Dufil por descubrir el significado del término “wicca”, por lo que habló con su gran amigo Andrés, en busca de información.
Andrés dice:
Mira en esta página web, es el grupo de Messenger de una amiga mía que también afirma ser wicca… quizás te ayude.
Dufil entró en el grupo de Messenger y echó un vistazo. Página de inicio, introducción, relatos, hechizos, la religión… a fin de cuentas, era una religión politeísta, o eso parecía. Decidió que estar en el grupo no sería suficiente para obtener la información que necesitaba, así que se fue a presentaciones y agregó a las dos personas que habían puesto su dirección de correo electrónico.Al día siguiente, 23 de mayo del 2004, sobre las siete y cuarto de la tarde, una de las dos se conectó: Dhawan. Y comenzó la charla al respecto del tema que había impulsado a nuestro protagonista a agregarla: el término “wicca”.

16 octubre 2006

Vuestro equipaje

Malgasto parte de mi tiempo en hablar de vosotros, de vosotros todos, de vuestros psicólogos, de vuestra rutina, de vuestra mierda, vuestros ojos. La mirada está estancada en vuestro mundo y la vida se estropea en poco menos de un segundo. Se te viene el mundo encima y encima no tienes guita, la tristeza lágrimas te quita, tu madre te grita. Pues sal a la calle, píllate un palo, destroza unos bancos, libera tu frenesí. Porque sí, porque todo te toca a ti, o a mi. Porque todo es tan difícil, y todo el mundo dice que todo es tan fácil. Todo es camino de rosas, y hay un borracho que le pega a su esposa. Militares van de caza. Las niñas juegan con los yonkis en la plaza. Y tú paseas solitario, y yo paseo solitario, en busca de una dosis de esperanza, en busca de los subnormales que quieren joder mis planes. No te extrañes de lo que digo que esto solo son verdades.
¿Qué hacéis en las calles? ¿Qué hacéis en vuestras casas? No dais la talla con la gente que no calla su verdad. La realidad no está en las calles. La realidad no está en las casas. La ropa. La discoteca. La rutina. El despertador. El maquillaje. Os preocupa el equipaje frente a cualquier viaje. Nací en este mundo, no sé si confundo los colores. Cada día me hundo más por mis ex-amores. Solo trato de vivir, de ser feliz, de ser aprendiz. De ir con la verdad por delante, entre tanta gente. Dar lo mejor es mi cuenta pendiente. Es mi respeto. La sinceridad dará toda la paz. La realidad que cuestiona los valores existentes, pero tienes que luchar por lo que crees. Sino, ¿de qué vale ser un peligroso de repente? Aunque no soy Dios, y es evidente que salirse del sendero es caer en la mentira, si creéis en lo falso necesitaréis aspirinas para la cabeza y para el corazón. Si seguís ese camino, os fallarán con toda la razón.
No elijáis a las personas. Dejad que os elijan. Las lágrimas empujan y los ojos de la gente dejan de tener la fuerza y de dar a los demás la esperanza de lograr un sentimiento. La gente no me entiende y yo me quedo sin aliento. Gracias Dios, por no tener que apoyarme en ti. Sigo vivo con mi corazón, y con razón, aún no estoy lleno con todo lo que sentí. ¿No os dais cuenta de que no conocéis nada? ¿Qué pretendéis hacer con vuestra vida? No podéis sostener las cosas que os importan con una mentira. Mirad por la ventana... y os daréis cuenta.




Aquel que no me conozca demasiado, y no sepa bien cómo escribo, pero que sepa un par de cosas de mi vida (como, por ejemplo, que soy daltónico), podría pensar que el texto que arriba aparece es mio. Pero no es así.
El texto que se ve arriba es la letra de una canción de un grupo de rap coruñés que se hacen llamar Ámbito Kinitoh. El título de la canción es "Vuestro equipaje" y muestra muy bien como veo la realidad... quizás una visión un poco anticuada, pero se adapta bastante bien a la actual si la empeoramos en algunos aspectos.

Simplemente quería aclarar eso... me gustó la letra y la transcribí hace tiempo... ahora sonó la canción y me pareció buena idea colocar la letra aquí... no sin antes releerla. [Edité algunas cosas para que el texto quedara más o menos como un texto en lugar de como una canción, pero las rimas se ven todavía... lo único que hice fue eliminar el estribillo]

Saludos: Sir Dufil

10 octubre 2006

Abandonado.

El sol iluminaba el cielo de un modo abrasador. La leve brisa que se había levantado segundos antes atenuaba el poder abrasador de los rayos sobre mi piel... pero no la luz que cegaba mis ojos. Tras unos cuantos metros de caminar por la carretera habitual, viendo las habituales casas y esquivando los habituales pozos en la acera que nunca fueron arreglados, llegué al desvío habitual y tomé un camino distinto al que siempre tomaba. Hacía tiempo que tenía que haber hecho eso, pero nunca tuve la iniciativa suficiente.
Caminé unos cuantos metros más y me metí en el bosque. Recorrí el camino que había hecho tantas veces antes y llegué hasta una pobre construcción de maderas. Simulaba una casa medio derruida, con incontables goteras y tablas podridas por todos lados. Antiguamente había sido realmente una casa. Pero ya no se podría denominar así. La miré con cierta nostalgia... una sonrisa se dibujó en mis labios y dejé a un lado la mochila, sobre la hierba todavía mojada de la lluvia de la noche anterior. Atravesé el umbral de una ya inexistente puerta y crucé un antiguo salón. La semiabertura de la siguiente puerta me indicaba el camino. Las escaleras, aunque tan viejas como la casa, seguían sorprendentemente en pie, así que procedí a subir, en busca de aquella habitación que, no demasiado tiempo atrás, me había servido de escondite. Poco a poco había ido llevando cosas y se había convertido en mi lugar. La ausencia de goteras y el baúl que en ella se encontraba habían hecho de esa habitación el lugar idóneo para esconder aquello que no quería que nadie viera.
Me senté en el suelo y apagué el móvil. Cogí la llave que colgaba de mi cuello y abrí el candado que yo había puesto para que nadie abriera mi preciado cofre del tesoro. Aunque me costó un poco, pude abrirlo y ver una vez más lo que en su interior se ocultaba: una botella de cristal, con restos de alguna bebida alcohólica, una navaja, unas cuantas velas, un mechero, tabaco, cuchillas... había cosas de todo tipo... incluso un trozo de tela que estaba ahí desde antes de que yo llegara...
Ese lugar siempre me había gustado por la tranquilidad de la zona, ya que nadie más que yo sabía que esa casa existía. En uno de mis antiguamente habituales viajes por el bosque, subido a uno de los árboles, pude divisar algo que me llamó la atención. Recordé más o menos el rumbo y llegué hasta la casa... por aquel entonces estaba más entera, tenía menos goteras, y me daba miedo. Hasta que un día decidí entrar y descubrí que no era tan terrible. El vacío que allí había demostraba que había sido saqueada en alguna ocasión. Lo descuidado del material, el crujir de las maderas, la fragilidad de las puertas que tiré en su momento... Recuerdo que la cocina, todavía a leña, me sorprendió bastante. El óxido que se acumulaba en las bisagras, las estanterías con algún bote de especia tirado por ahí... de vuelta al salón, había encontrado una puerta entreabierta que no pude mover, pero cupe perfectamente de lado. Al atravesarla, las escaleras me esperaban, mostrándome el camino a lo que posteriormente se convertiría en mi escondite secreto.
Desde ese día lo visité incontables veces... siempre que me encontraba mal, iba corriendo por ese bosque hasta esa casa, atravesaba ese comedor, subía esas escaleras y llegaba hasta esa habitación. El sentimiento de soledad, junto con la calma y el silencio, me permitían pensar con tranquilidad. A lo largo de los años, pude observar como poco a poco la casa se iba derrumbando a trozos. Como pequeñas maderas iban apareciendo y desapareciendo de muchos sitios y el modo en el que las plantas lo cubrían todo... Algunas puertas no las atravesé en todo ese tiempo, mientras que otras lo hice muchas veces, con distintos objetivos, aunque el que siempre primó fue el de investigar. Sin saber muy bien por qué, esa casa me había embrujado. Como si se hubiera sentido sola todo este tiempo y, cuando aparecí yo y le hice compañía, se alegró tanto que me llamaba una y otra vez... hasta el punto de ir hasta ella en muchas ocasiones sin tener ningún motivo real.
Todo eso y mucho más se me pasó por la cabeza cuando abrí el cajón cuyo candado había llevado tiempo atrás. Lo miré otra vez. Saqué una caja de cartón gris clarito y la apoyé a mi derecha. Saqué también la navaja y la miré bien. El óxido había empezado a hacer presencia en la cuchilla y había comenzado a invadirlo todo, como un gran ejército implacable conquistando un país. Con un sencillo juego de mano la cerré y me la metí en el bolsillo. “Esto aquí ya no pinta nada”, pensé. Miré la botella de cristal y la coloqué a mi izquierda “esto para tirar”. La cajeta de tabaco correría la misma suerte que el alcohol y muchos otros objetos cuyo valor ya despreciaba, aunque habían sido importantes en otro momento de mi vida. Las velas y el mechero las puse sobre la caja de cartón, así como la extraña tela que nunca me había atrevido a desenrollar, suponiendo que no sería más que una prenda vieja y apolillada.
Me quedé pensando. Mirando la nada. Pasado un largo rato, tomé el montón de cosas que había decidido tirar y salí de la habitación. Caminé hasta la cocina y las dejé donde se supone que había un cubo de basura que siempre me prometí llevar. Volví a mi rincón y miré una vez más los objetos que había apilado y no tiré. La noche se acercaba y la luz era cada vez menor. Encendí algunas velas con el mechero y las coloqué en sitios estratégicos, que ya había descubierto en anteriores visitas.
Con una iluminación perfecta, abrí la caja gris y saqué el primer sobre que había. Extraje la carta que tanto me había emocionado en su momento, la desplegué, y comencé a leer “Amor mío:” Hice una pausa. Cerré los ojos con intención de evitar las lágrimas, pero me fue imposible. Dos gotas de agua recorrieron mis mejillas hasta mis labios. Dejé que se cayeran al suelo e intenté leer más... pero no pude... me acurruqué en el suelo y lloré. Lloré todo lo que no había llorado en los últimos meses. Lloré todo lo que me había callado a lo largo de mi vida. Lloré hasta que no pude más. Y luego seguí llorando.
El amanecer me sorprendió. Una de las pequeñas separaciones entre las maderas que tapiaban la ventana, dejó pasar un rayo de sol que me dio directamente en los ojos, y me despertó. Me levanté con prisas, salí de la habitación corriendo, bajé por las escaleras, atravesé la puerta entreabierta y el salón. Salí de la casa y cogí mi mochila, que seguía donde la había dejado. Corrí hasta mi casa, donde me esperaban algo más que palabras por parte de mis padres, por haber estado fuera de casa toda la noche sin avisar...

07 octubre 2006

Mi historia. V1.1

Esta historia es la continuación de de la entrada Mi historia V1.0.



A pesar de mi escaso, casi nulo, conocimiento de mi vida mortal, como inmortal me desenvolví bastante bien. Pronto aprendí las disciplinas que mi maestro me enseñó y aprendía moverme por las sombras.
Cada noche la cacería era diferente. Yo la hacía diferente. Cada vez era más rápido y silencioso. Cada vez los engañaba mejor... cada vez era más fácil.
Poco a poco me fui haciendo con cierto poder en la ciudad. Fui consiguiendo contactos y fui observando a diferentes personas para ver si podía conseguir algo de ellas. Me llamó en especial la atención una joven. Tendría aproximadamente 20 años y, desde que la había visto por primera vez, siempre consiguió lo que quiso. Tenía una determinación y una energía, así como una capacidad de engañar y jugar con las palabras que me sorprendió. Me dije a mi mismo “has de hacerte con ella... tiene que ser tu aliada”. Decidí no precipitarme por varias razones. La primera y más importante es que yo todavía dependía de mi Sire y éste no me permitía tener chiquillos. Por otro lado, yo tampoco quería tener una chiquilla sin haberla estudiado bien a fondo. Sin haber conocido sus trucos... no me gustaría que me controlase ella mí.
Por suerte o por desgracia, llegó una semana trágica para mi. Un martes, por culpa de un accidente de tráfico, mi observada falleció. El viernes de esa misma semana, mi Sire dijo que tenía cosas importantes que hacer y que se ausentaría hasta el domingo... pero nunca volvió.
A pesar de que me había centrado, sobre todo, en la joven, había estado estudiando a otros posibles candidatos a chiquillo. Había uno con el que me encapriché de sobremanera... era un joven de unos 16 años. Su padre era borracho y lo maltrataba. Su madre... nunca me quedó claro si había fallecido o si los había abandonado... en alguna ocasión me pareció entender que ambas cosas. El chico en cuestión, era justo el tipo de chaval que buscaba... pero le faltaba determinación. El odio invadía su cuerpo y no era capaz de cumplir la merecida venganza. Eso era lo que me echaba para atrás.
Hasta una noche... cuando llegué, el joven estaba en su habitación, con un cuchillo apoyado en su pierna. El padre no estaba y había algunos destrozos en la casa. Había vuelto a recibir una paliza. Pensé “si se anima a empezar, yo acabaré el trabajo y será mío.” Me fui a cazar y volví lo más rápido que pude. El chico seguía herido y el padre todavía no había vuelto.
Me quedé mirando al joven... observando sus movimientos y sus pensamientos. De repente, la puerta se abrió. El cuerpo tambaleante de un borracho entró en la casa. Tras proferir un par de gritos, se acercó a su hijo con la intención de golpearle nuevamente. Pero mi pequeño magullado se adelantó. Cogió el cuchillo que tenía en la mano y le asestó una puñalada en el pecho. Sangre, un grito, silencio. Rompí la ventana que me separaba de la escena y aparté al chaval de un empujón contra el armario. Aproveché el debilitado estado del padre para alimentarme de él... debido a mi apurada cacería no me había saciado completamente.
Giré la cabeza hasta mirar al chico directamente a los ojos. Me levanté y me acerqué a él. Lo cogí en brazos y le dije:
- Hiciste bien... llevo observándote tiempo y este hecho es lo único que faltaba para que me terminaras de convencer. Puesto que me has convencido, voy a darte dos opciones: La primera es venirte conmigo. Aprender las artes de la noche y descubrir un mundo nuevo y eterno en el que podrás hacer todo aquello que no hiciste en vida. La segunda opción, la muerte.
El chico vaciló un poco... le vinieron incontables preguntas a la cabeza. La duda se apoderó de él, hasta el punto de que se quedó paralizado durante unos segundos. Lentamente y con cierta timidez, asintió.
Hice lo que tenía que hacer... se convirtió en mi chiquillo y empecé, desde ese mismo día, a enseñarte todo lo que sabía...

06 octubre 2006

Mi historia. V2.0

Yo nací en el siglo XI. Allá por 1052. Desde pequeño fui dueño de un importante territorio. Mediante trucos, engaños, trapicheos y otros métodos de escasa legalidad, me hice con un territorio mucho mayor. Tenía mis propios esclavos. Incluso algunos esclavos míos tenían esclavos suyos. Yo me lo podía permitir. Mi padre me enseñó en mi infancia a leer y escribir. Me enseñó todo lo que sabía de trapicheos y juegos de palabras, así como juegos de manos.
Pocos años después del fallecimiento de mi padre, uno de mis criados me dijo que se había visto merodear “una misteriosa figura” por mi pazo. No le di importancia. “Ladrones” pensé, pero no me asustaban. No tenía piezas de gran valor en mi casa y el oro estaba bien guardado. Pasó esa noche y no ocurrió nada. Durante toda esa semana y la siguiente, todas las noches me llegaba el mismo informe: una misteriosa figura merodeando en mi territorio. Me extrañó de sobremanera, así que decidí contratar a algunos guardas para que vigilaran los terrenos. De todas formas, me extrañaba que alguien hubiera podido saltar los altos muros que rodeaban los campos o atravesar las puertas, puesto que yo raras veces salía de casa. Coloqué a los guardas de modo estratégico para que pudieran vigilar todo el parque.
Los resultados no se hicieron esperar. A la mañana siguiente los guardas afirmaron haber visto la figura extraña. Pero no pudieron capturar a la persona que fuera. Parece ser que desaparecía misteriosamente. Le resté importancia al asunto. De todas formas, dejé a los guardias, pero les di la orden de que si volvían a ver a la figura extraña que no le hicieran caso.
A los pocos días, la extraña figura dejó de molestar. Pasó un año y me casé. Mi vida en pareja iba bastante bien. Y Dios nos bendijo con una niña preciosa. Me encantaba verla correr por los jardines del pazo, con sus elegantes ropajes y su dorada cabellera al viento.
Inesperadamente, una tarde de otoño llegó una nota para mí. Era una invitación a una fiesta… más bien una reunión de negocios. El lugar de la cita quedaba lejos de mi hogar familiar y, por razones que desconocía en ese momento, mi familia no tendría permiso para ir. A pesar de ser una aclaración cada vez menos común, todavía había algunos nobles arraigados en las viejas costumbres, así que no sospeché nada raro y mandé preparar mi equipaje.
El palacete donde había sido invitado era mucho mayor que mi propia casa. Los criados estaban por doquier, aunque todos parecían ligeramente desconcertados. Me hicieron pasar por unas puertas de roble hasta un salón con pocas ventanas, pero las velas iluminaban bien la estancia. Me hicieron esperar sentado ahí y me dijeron que habría que esperar a que llegaran los demás invitados.
Ya estaba anocheciendo cuando me hicieron pasar a la sala de reuniones. La estancia era enorme… alfombras rojas decoraban el suelo, hermosos cuadros bien cuidados las paredes, acompañados de candelabros. Una enorme y preciosa mesa en el centro, con numerosas sillas a los lados, así como una en cada cabecera. En uno de estos dos exclusivos lugares, una figura me esperaba. Una figura majestuosa que tenía la cabeza agachada. La posición y la capucha tapaban su cara y una capa su cuerpo. En cuanto mis ojos la percibieron, un escalofrío recorrió todo mi cuerpo. El sonido de la puerta cerrándose detrás de mi me indicaba que no había más invitados que la persona que presidía la mesa y yo.
Me asusté. Mi corazón se aceleró y mis músculos empezaron a fallarme. Traté de no vacilar mientras caminaba hasta la mesa y me sentaba en el asiento más alejado de la figura posible. Levantó la cabeza y sus ojos me miraron fijamente.
- Te voy a dar dos opciones... aunque conozco tu respuesta. Primero te explicaré la situación y luego te diré las opciones que tienes. – Empezó a hablar ella. Por alguna razón, yo no podía moverme ni hablar. – Ahora mismo, tus terrenos están siendo atacados por un grupo de bandidos. Cuando acaben, lo quemarán todo... con tu esposa y tu hija dentro. No puedes hacer nada para evitarlo. Las dos opciones que tienes son las siguientes...
Hizo una pausa, su cara mostró una mueca de satisfacción y sus colmillos se asomaron de un modo casi tímido.
- La primera opción que tienes es morir ahora. Yo personalmente me encargaría de hacer que parezca que has muerto en el asalto que está produciéndose ahora mismo en tu parcela. La segunda opción que te doy, es que finjas tú mismo tu muerte en ese asalto y te vengas conmigo. No como mi marido, ni como mi amante. Sino como mi compañero. Mi socio... para toda la eternidad.
Sus palabras me desconcertaron de sobremanera. “¿Para toda la eternidad? ¿Habla enserio? ¿Me está tomando el pelo?” De un modo u otro, la firmeza de sus palabras demostraba que estaba convencida de que lo que decía era verdad, y por un lado eso me asustaba. Se levantó y empezó a caminar por la estancia. A su paso, todo cambiaba. Las sombras danzaban en el ir y venir del fuego, pero a la vez cambiaban de forma. Poco a poco, la oscuridad invadió la habitación, a pesar del fuego de las velas.
-¿Estás convencido ahora? – La voz de mi anfitriona se escuchaba desde todos lados – Puedes venirte conmigo para toda la eternidad. Este poder y muchos más pueden ser tuyos... únicamente si aceptas mi oferta.
Agaché la cabeza. Finalmente sí que hablaba enserio... pensé por un momento en mi esposa y mi hija. Pensé en los terrenos que tanto me había costado conseguir y me llené de odio. El odio invadió mi cuerpo y mis venas. Se me ocurrió un plan de venganza. Lo ideé todo rápidamente. Así que di mi respuesta:
-Acepto... me uniré a ti si así lo deseas...

Desde entonces estoy esperando el momento idóneo para cumplir mi venganza...

24 septiembre 2006

Copy-Paste

El texto que veréis a continuación, es una vieja entrada de mi space. En concreto del día 28 de mayo del año 2006. Había pasado algo con mi padre (no me acuerdo qué) y tenía exámenes finales cerca. De todas formas, omitiré algunas partes para hacerla más válida actualmente.


"¡Que bien escribes!" "Escribes de puta madre" "Me encanta como escribes" "Me mola como escribes" "Deberías escribir un libro de tu vida" Esto y muchas otras cosas me dicen sobre lo que aquí pongo. La verdad es que no escribo en muchos más sitios. ¿Realmente escribo tan bien? ¿Realmente sé plasmar lo que pienso y lo que veo tan claramente que a la gente le gusta? Pues yo no lo veo tan claro. No veo que mi escaso vocabulario sea suficiente como para expresar lo que viene a mi cabeza.

Cambiando de tema, estoy pasando (así como muchos otros) por una época en la que los altibajos anímicos son normales. Estoy pasando por una época en la que el desconcierto reina sobre lo demás. No estoy del todo animado y no estoy del todo desanimado. El miedo invade mi mente por momentos. Los recuerdos de viejos momentos, sean buenos o malos, invaden mi cabeza constantemente y se encargan de establecer mi estado de ánimo mientras están ahí. [...]. Mi padre sigue sin preocpuarse por hacer lo que tiene que hacer cuando lo tiene que hacer y hay que recordárselo cuando es demasiado tarde.

Las pocas cosas que me libran de este peso, son mis amigos... o por lo menos cuando quedo con ellos son capaces de hacer que deje de pensar en mis preocupaciones durante las conversaciones con ellos. Otra persona que también me ayuda mucho es Shu... dentro de lo que puede. Y eso me da muchos ánimos.

Las metáforas y los dobles significados me bombardean la mente incesantemente. Soy incapaz de decir o escribir una frase sin encontrarle un doble sentido... que sé que nadie captaría... pero lo tiene. Está ahí y nadie lo puede cambiar... a veces es un significado irónico, otras es un significado triste y otras simplemente es otra manera de ordenar las palabras que dan una frase distinta... pero la capto y no puedo evitar sentirme condicionado, en parte, por ese segundo significado. [...].

Estoy cambiando. Me doy cuenta. No sé por qué, pero me doy cuenta de que estoy cambiando. Mi actitud ante las cosas que se me presentan no es la misma que la que tenía ayer, ni la que tenía ayer es la misma que tenía anteayer... Por lo que veo no es una evolución progresiva... creo que estoy volviendo atrás... aquella época en la que me preocupaban las cosas justas... o menos. No es bueno ni malo... simplemente es. Viejos miedos renacen... sé que de los errores se aprende... pero también sé que el ser humano es capaz de tropezar dos veces en la misma piedra... y tres veces... y cuatro... y...

[...]

Para determinadas cosas me he vuelto más observador... o por lo menos me doy cuenta de cosas de las que antes no me daba cuenta... pero también me pasa al revés con otras cosas. ¿me estoy centrando más en algo en concreto? Si es así, no soy capaz de determinar lo que es... y me da miedo. Tanto como las demás cosas que hay aquí escritas. Más que una entrada al blog es una nota mental, una reestructuración de mis pensamientos, así como de mis miedos y mis alegrías... aunque a esto último todavía no he llegado... ni sé si llegaré.

[...]. La presión y la desesperación se apoderan de mi. La falta de tiempo unida a la falta de sueño y el exceso de trabajo, tanto mental como físico [y en todos los sentidos habidos y por haber], me crean la idea de que no llegaré a tiempo a todo lo que tengo que hacer... y eso me da miedo. Me da miedo el intentarlo, por los pasados errores que pueden repetirse... y el fracasar tras intentarlo, por lo que puede pasar a consecuencia de ello. Pero también me da miedo no intentarlo, pues implica directamente no conseguirlo... y sería doble decepción que habiéndolo intentado... a pesar de la ironía de ello.

Vienen ahora a mi cabeza imágenes bonitas... buenos momentos y buenas canciones, acompañado de buena gente que me quiere y me acompaña... diversión y movimiento. Risas, alegrías, sonrisas, comida, chistes, bromas, comentarios... una gran familia... a la que hace años que no veo... y no sé cuando volveré a ver. Una comida familiar en la que me gustaría volver a estar. Gente nueva que me gustaría conocer...

Cambio de plano. Inseguridades. Mentiras. Engaños. Trucos. Actuaciones. Hechos fingidos. Hechos incoherentes. Silencio. Llantos. Más silencio. "No puedo... lo siento". Mi padre cerrando la puerta. Silencio... otra vez. Más llantos. Miedo. Oscuridad. Tristeza. Decepción. Dolor. Un último primer plano de mi padre.

Nuevo cambio de plano... dejo de pensar... duele demasiado.



Saludos:
Sir Dufil


21 septiembre 2006

Mi historia. V1.0

Tengo 17 años, creo. Hace poco perdí la memoria y no sé nada de mi… lo último que recuerdo… estaba en un lugar grande, como un estadio… no estaba en las gradas… hacía sol. Nunca me gustó el sol. Quizás por eso me ocurrió lo que me ocurrió… pero no precipitemos las cosas. Estaba en un estadio, hacía sol. Al parecer iba a correr una carrera… sí… una carrera. Me acuerdo que siempre corrí mucho. Me apunté a una competición de 100 metros lisos… necesitaba algo de dinero. Dan la salida… en medio de la carrera pisé mal. Me caí, y creo que alguien tropezó con mi cabeza. Posiblemente el corredor de al lado. Lo que ocurrió antes de eso… está borroso. Lo que ocurrió después… es más complicado.
“¿Dónde estoy?” pensé “me duele la cabeza… ¿Qué es ese pitido de fondo?” Intenté abrir los ojos. Fue inútil. Los tenía vendados con algo. Intenté quitarme la venda con las manos. La mano izquierda no me responde, la derecha tiene algo clavado. “¡Mierda! ¿Qué ocurrió? No consigo acordarme de nada”. Oigo unos pasos. Intento hablar. Me duele la mandíbula al moverla, pero consigo articular algunas palabras.
-¿Qué ocurre? No puedo ver.
-¡Ah!, el pequeño corredor se ha despertado. ¿Cómo te encuentras, muchacho?
-Mi cabeza da vueltas… no puedo ver… me duele la cara… me duele todo… ¿Qué ocurrió?
-Tuviste un fuerte accidente. Mientras corrías, pisaste mal y te torciste el tobillo. En la caída, apoyaste mal el brazo izquierdo y te lo rompiste. El que corría a tu lado te pisó la cara sin querer y tropezó.
El médico siguió hablando, pero yo no le escuché más. Mientras hablaba miró unas cosas. Oí como pasaba unas hojas. “¿Qué estará mirando?” pensé “mi historial médico… supongo. O el resultado de alguna prueba.”
-Bien… todo está en orden. Es posible que la cabeza te duela durante un tiempo. E incluso que no recuerdes nada durante unos días. No te asustes.
La última frase me tranquilizó… un poco. El médico se fue. Cerró la puerta detrás de él. Unos segundos más tarde, llegó una enfermera:
-Hola chaval, ¿Qué tal? ¿Cómo has pasado la tarde? – Dicho esto, se puso a cambiarme el suero. “Ahora que lo pienso… ¿Cuánto tiempo llevo aquí?” me puse nervioso. No podía vocalizar y el pitido de fondo me estaba taladrando los oídos. Cuando la enfermera se fue, empecé a analizar la situación. “Me torcí el tobillo… ¿Qué tobillo?... el derecho no fue, no me duele. El izquierdo… ¡Auch!. Fue el izquierdo. Me rompí el brazo izquierdo. Por eso no lo podía mover. Y supongo que el suero es lo que me impedía mover la mano derecha… vamos a ver si puedo quitarme la venda de los ojos”. En ese momento noté una presencia extraña. Una presencia que me tranquilizó. No había oído entrar a nadie, y el médico no se había dirigido a otra persona que no fuera yo. Tenía que estar solo en la habitación. Pero alguien se me acercó por la derecha.
-Hola chiquillo – Su voz era grave, hablaba con una serenidad extraordinaria. Parecía muy seguro de si mismo.
-Hola – Conseguí contestarle, tras un tiempo. - ¿Quién eres tú?
-Yo soy alguien que te va a solucionar todos tus problemas en vida. – Hablaba con una seriedad y una firmeza que me hicieron creer por un momento que así sería. La voz me sonaba familiar. La conocía de algo, pero no sabía de qué era. No era mi padre. No tengo hermanos. La había escuchado… en mis últimos sueños. Me vino una imagen a la cabeza. Un hombre, encapuchado. No se le veía la cara. El pelo lo tenía oculto, y sus ropajes eran extraños, como si hubiera vivido muchos años con ellos puestos.
-Déjame verte. – Dije, sin saber bien por qué.
-Todo en su momento, joven. – Otra imagen vino a mi mente: el hombre encapuchado, pero esta vez le podía ver los ojos… únicamente los ojos.
Un fuerte olor a sangre me alertó. Me asusté al principio pensando que era mía. Pronto me di cuenta de que provenía de mi nuevo acompañante.
-¿Qué quieres de mi? – Le pregunté, esperando una respuesta. Pero no la hubo. La presencia desapareció y con ella el olor a sangre. La puerta se abrió. Unos pasos. Unas palabras:
-Cariño, ¿estás bien? – Mi madre.
-Sí… pero no puedo ver. – El pitido de fondo había vuelto.
-Te vendaron los ojos por prevención. Pero me dijeron que ya no había peligro. Dentro de un rato una enfermera vendrá a quitarte las vendas. – Por fin una buena noticia.
Pasaron unos minutos. Mi madre me agarraba la mano. Creo que lloraba. La enfermera entró y desvendó mis ojos. Mis preciados ojos… o quizás no. Nunca me habían gustado. Me dieron más problemas que otra cosa. A pesar de que las vendas no cubrían mis ojos, no los abrí. Me quedé con los ojos cerrados, esperando algo. No sé bien lo que era, pero estaba esperando algo. Pasó una hora. Estuve hablando un tiempo con mi madre. Me contó cosas de cuando era pequeño. Pero no llegó a decir nunca mi nombre. No le pregunté por él. No sé por qué. Se hizo media noche.
-Hijo… he de irme. Mañana tengo que madrugar para ir a trabajar. En cuanto salga del trabajo vendré a verte. – Sus últimas palabras las dijo sollozando.
Estaba otra vez solo, en la habitación de un hospital. El suero me lo cambiaron otra vez poco antes de que mi madre se fuera. Otra vez la extraña presencia, acompañada del olor a sangre y del acallo del pitido constante de fondo.
-Has vuelto – Esta vez la conversación la empecé yo.
-Así es. Y ya es la hora. – Dijo con la misma tranquilidad de siempre.
-¿La hora? ¿La hora de qué? – Pensé en abrir los ojos y mirarlo a la cara. Pero no me atreví.
-Abre los ojos, no tengas miedo – Un tono de humor llenaba estas palabras. Parecía que leyese mis pensamientos.
Los abrí. A mi izquierda, un hombre encapuchado. Sus ropajes parecían llevar sobre su cuerpo muchos años. Tal y como me lo había imaginado. La cara y el pelo estaban tapados, pero las manos las tenía a la vista. En ese momento recordé algo más:
Era antes de la carrera. Estábamos calentando cuatro o cinco personas. Me había apartado del grupo un momento, y un chaval me siguió:
-¿Oíste hablar de los vampiros? – Dijo, un tanto emocionado.
-¿Esos humanos que viven muchos años chupando sangre? Sí. En mi opinión son bobadas.
-No lo son. He visto uno. Lo sé.
-Claro, seguro. – Dije con ironía – Y yo soy uno de ellos.
-No puedes serlo, estás al sol. – Dijo, como si quisiera demostrarme que sabía sobre el tema.
“No me lo recuerdes.” Pensé “Odio el sol”
-¿Pero realmente te crees esas historias? – Le dije, extrañado.
-¡De verdad! He visto a uno. Anoche. No podía dormir y me puse a mirar por la ventana. Y ahí lo vi.
-¿Lo pillaste chupándole la sangre a alguien?
-Eh… no…
-¿Viste como volaba? ¿Pudiste ver su fuerza sobrehumana? ¿Viste algo que te dijera realmente que era un vampiro? – Yo también sabía cosas sobre los vampiros.
-No… pero sé que era un vampiro. Me lo dice mi instinto. – El chaval se había desanimado un poco, pero no cesó en su intento.
-En mi opinión te lo imaginaste. Déjame en paz, tengo que concentrarme para la carrera.
Sus manos eran blancas, como si la sangre no corriese por su cuerpo. Tenía uñas largas. Y los brazos no se movían en absoluto. Como si no respirase.
-¿Cómo… cómo has entrado aquí? ¿Quién eres? ¿Qué quieres de mí? – Me asusté un poco. Empecé a creer a aquel chaval de mi recuerdo.
-Sí, soy un vampiro, y he venido porque te elegí a ti entre todos los mortales que encontré. – Dijo. Acto seguido, me cogió en brazos y me sacó de la cama. Soltó mi suero, rompió la escayola de mi brazo y me agarró con fuerza. – Esto te dolerá un poco al principio, pero después, verás al mundo… con otros ojos.
Dicho esto, clavó sus colmillos en mi cuello. Realmente, el dolor del brazo acalló el dolor del mordisco. Pasaron unos segundos que parecieron horas. Cuando me quedaba muy poca sangre en el cuerpo, agarró la aguja del suero y se cortó con ella. Me dio a beber. Pocos segundos después, el dolor del brazo se había calmado. El tobillo no me molestaba, la mandíbula dejó de dolerme y, tal como me había prometido, empecé a ver el mundo con otros ojos.
-¿Cuál es tu nombre? – Dijo, tras apartarme de su brazo.
-No lo sé… no me acuerdo. – Contesté, un poco desanimado. El sabor de la sangre me había gustado.
-Piensa uno… uno que te guste. Lo tendrás durante más años que el que te pusieron tus padres.
Así lo hice. Dufil me pareció un buen nombre. Y ese fue el que usé. Nunca supe realmente cual era mi pasado, ni la familia que tenía… Realmente nunca supe nada más del mundo mortal.


Continuación aquí.

20 septiembre 2006

En el cementerio...

Llovía. Siempre disfruté de la lluvia. Por lo menos desde lo que mi memoria alcanzaba a recordar, que era poco más de un año. Llovía mucho y yo había salido a dar una vuelta. Sin paraguas, sin capucha. La gabardina de piel impedía que la camiseta se mojase, pero el pelo estaba expuesto a la lluvia. La música estaba lo más alto que el aparato me permitía. Lacrimosa.
En el cementerio no había gente. Diría que no había un alma, pero mentiría. Yo, la lluvia, los muertos, las tumbas, la noche… Todo era perfecto… o casi. Vagabundeé durante varias horas en un laberinto de lápidas, cruces viejas, flores, piedras, recuerdos, mausoleos… pero no encontré lo que me faltaba. Me detuve ante una tumba que me llamó la atención “esto no estaba aquí antes” pensé. Me agaché y tomé la rosa que reposaba sobre la lápida. Una sola rosa que contenía todo el dolor de alguien. Busqué el nombre del que se encontraba debajo, pero no lo encontré. El epitafio era claro y corto “Muerte repentina”.
Un rayo iluminó la zona. Mi sombra se mostró sobre la lápida. Segundos después, un estrépito hizo temblar el cementerio. Parecía que los muertos estuvieran intentando salir una vez más a la superficie. Oí unas voces, unos pasos, la lluvia… dos individuos se me acercaban majestuosamente. Me habían visto, yo lo sabía, y ellos sabían lo que yo sabía. Se detuvieron delante de mi. Silencio. El agua había llegado a mojarme el cuello.
- Es la hora – dijo uno de los individuos.
Me di la vuelta y me fui. Nunca supe el por que. Nunca supe cómo había entendido tan bien esas palabras. Nunca volví a verlo. La luna estaba llena de camino a casa, pero esa noche había otras cosas en las que pensar…

19 septiembre 2006

Dickens Pub

Llovía. Serían las dos de la madrugada. Después de la noticias de la muerte de Zack, me apetecía distanciarme del mundo. Subí una calle con bastante dificultad y giré a la izquierda. Parecía que esa era la zona en la que se agrupaban los pub’s de la ciudad. Había un pequeño grupo de chicas muy jóvenes y muy borrachas hablando en la acera opuesta a la que yo estaba transitando. El primer local que vi tenía buna pinta… pero demasiada gente para mi gusto, por lo que seguí caminando.
Me detuve, finalmente, frente un local que tenía una leve iluminación de tono azulado. No se veía bien lo que había en el interior, pero no se oía demasiado barullo, lo que me incitó a entrar. Así lo hice. Delante de mí se presentaba un pasillo. A la derecha la barra. A la izquierda algunas mesas con sillones. El pasillo llevaba, sin puerta que separase el local, hasta una habitación más grande y ancha. Mientras recorría el pasillo, observé a la gente que se encontraba allí. Me paré en el camarero. Iba bastante elegante. Una camisa negra con una corbata del mismo color y unos pantalones a juego. Llegué hasta el final del pasillo y me detuve a observar a la gente que estaba sentada en las mesas. A mi izquierda, cerca de los lavabos, había una pareja sentada, muy acaramelados. Él estaba tomando un Carolans o algo así, mientras que ella tomaba algo con limón. El chico no pasaría de los 20 años, llevaba ropas tan negras como el camarero. La chica que le acompañaba, más o menos tendría la misma edad; llevaba una camiseta negra y unos vaqueros. Giré la vista y, dos mesas más allá, un grupo de dos parejas charlaba animadamente. Más hacia el centro de la sala, un hombre bastante… bien alimentado, fumaba un puro y tomaba una copa de whisky mientras su mujer disfrutaba luciendo sus joyas y su vestido, mientras tomaba algún líquido incoloro en un vaso de tubo.
En la pared del fondo, me llamó la atención una pantalla que mostraba un curioso videoclip, en el que las imágenes que se veían, en lugar de contar una historia de principio a fin, iban en sentido inverso al habitual.
Me senté en una mesa medio apartada y pedí un whisky con hielo. Cuando posaron el vaso sobre mi mesa, iba acompañado de la cuenta, lo que me extrañó enormemente. Aunque también me parecía muy práctico.
Empecé a pensar mientras miraba los hielos, con una forma bastante poco común, que daban vueltas en el vaso, mientras poco a poco iba bebiendo el contenido del vaso. Ya llevaba un rato en el local cuando me entraron ganas de ir al lavabo. Me sorprendió ver que la pareja de jóvenes seguía en su esquina, tan acaramelados como antes, pero con bastante menos bebida en sus respectivos vasos.
Sorprendentemente los lavabos tenían cierta elegancia que me recordaba a la que sería exquisita hacía diez años… como si el local tuviera ese tiempo y hubiera conservado la elegancia de entonces intacta, lo que le daba un aire especial.
Al salir de ahí, la pareja de jóvenes ya estaban en la barra, esperando a que el camarero les cobrase. A ambos se les veía contentos… como si supieran lo que les venía ahora y estuvieran satisfechos.
Volví a mi sitio a terminar con mi bebida. No me quedaba demasiado, y los hielos ya se habían derretido, por lo que no tardé mucho. Miré la cuenta, saqué el dinero y lo puse en el platillo; tras levantarme dejé todo eso sobre la barra, sin detenerme a esperar. Salí del local y una brisa fresca me despejó ligeramente la mente.
Me puse los cascos. Me apetecía escuchar más música y la del pub no salía de sus muros. Puse el volumen todo lo alto que pude y, medio borracho, medio mareado, bastante sordo, medio dormido y más desconcertado que antes, empecé a caminar por la ciudad una vez más. No hacía frío… por lo menos yo no lo notaba. Me detuve en un parque, frente a un hotel, a mirar el cielo. Hasta ese momento no me di cuenta de que había cesado la lluvia durante mi estancia en el local. Las nubes se habían ido y las estrellas, acompañando a la luna, le daban al cielo un aspecto muy caprichoso. Me dormí.

18 septiembre 2006

† 18 de Septiembre de 2006 †

Esta entrada es una prueba más para ver lo bien que funciona el blog y para ver si me da algún problema.

También es una prueba para ver si el color de fondo con el color de las letras se puede adaptar y ver cuán bien funciona el sistema del mismo.

Saludos:



Sir Dufil