01 agosto 2013
Día D Hora H
Decidí reiniciar este blog porque la casualidad así lo quiso y ahora quería escribir y vine por no cambiar.
No lo llevo bien. Es duro de admitir, pero es así. Admito que el día de ayer fue bastante alentador en general... volver a hablar con gente con la que creía que ya no iba a hablar nunca, volver a estar en situaciones en las que pensaba que ya no me iba a encontrar... nada de estrés, nada de agobios... al día siguiente día festivo (en Galicia al menos), por lo que nada de madrugar...
Pero hoy he vuelto a la realidad. He vuelto a mi casa, a mi habitación, a mi cama... vacía y fría, como siempre.
Es curioso lo fácil que es distraerme de los problemas, y lo rápido que vuelvo a chocarme contra ellos. En el pasado actuaba de otra forma. Me doy cuenta.
Obviamente he crecido, he madurado, he tenido experiencias que me han hecho llegar a ser de un modo diferente; en parte era necesario para sobrevivir.
Realmente... escribo sin rumbo. Ahora mismo no tengo nada que decir. Pero a la vez es una forma de desahogarme.
Sufro porque me siento solo. Siento que lo que hago no lleva a ninguna parte y siento que este sufrimiento es innecesario (e incluso malo). Sé que pensaréis "vaya idiota, el sufriemiento siempre es malo", pero estáis equivocados. A veces hacemos sacrificios para que después las cosas mejoren. A veces hacemos esfuerzos que nos duelen para que, al final, haya una felicidad más duradera y mejor que compense todo el mal que hemos pasado.
Pero dudo que esta historia acabe tan bien. Tengo claro que no tengo todavía una perspectiva clara de qué va a ser mi vida a partir del mes que viene (y me quedan 6 días para decidirlo), pero no veo nada bueno al final del trayecto.
[Esta entrada quedó como borrador el día que la escribí. Voy a publicarla sin releerla. En su momento lo puse por algo y por ese mismo algo merece ser publicada.]
Un poquito más de mi...
Nada demasiado profundo. Simplemente una chispa que iluminó mi consciencia y me hizo ver que no soy tan contradictorio como he creido tanto tiempo.
Soy calculador. Metódico. Puede parecer que no, que soy caótico e impulsivo. Pero eso es mentira. Soy jodidamente calculador. También soy empático. No son contradictorios. Al contrario.
Llevo ya una hora y pico dando vueltas en cama y me he dado cuenta de que soy todo lo calculador que soy gracias a mi empatía. Al "sentir" lo que los demás sienten, soy capaz de reaccionar a tiempo para que las cosas se giren hacia donde yo más o menos quiero que giren.
Obviamente, a veces me equivoco. Mi empatía no es incuestionable, pero me ayuda enormemente a la hora de tomar decisiones sobre qué decir o qué hacer.
Por eso a veces tardo tanto en hacerme a un grupo de amigos y otras veces me camuflo como uno más aunque sea la primera vez que los veo. Porque ante algunas personas no "capto" nada y, por lo tanto, no puedo "calcular" lo que tengo que hacer para que una broma sea aceptada, o qué comentario es el más adecuado o cómo de alto debo hablar.
Cuando no capto nada, al no recibir datos de entrada, no tengo una salida. No tengo una forma mía de ser. Yo no soy, yo me adapto.
Por más vueltas que le doy no soy capaz de hacer una analogía con nada que no sea un ordenador. Quizás porque soy informático. O al revés; quizás soy informático porque soy así. Siempre me gustó la precisión matemática. Siempre disfruté averiguando y descifrando las entrañas de los ordenadores y de todo el software que en algún momento tuve ocasión de revisar.
Pero volviendo a mi (a fin de cuentas es mi blog y hablo de lo que quiera [añadiendo que nadie va a leer esta entrada]), al hecho de que soy incapaz de enfrentarme a una situación sin saber lo que va a pasar, está relacionado.
Saber lo que siente la gente que me rodea me ayuda a dar una respuesta correcta. Sin esa información, soy lo más estúpido que puedes echarte a la cara. Eso es así. Soy incapaz de iniciar una conversación por mis propios medios, soy incapaz de siquiera seguir una conversación aunque me lo hayan dejado a huevo salvo que yo reciba interés por parte de la otra persona.
Realmente si alguien que me conoce lee esto dirá "¿Y qué hay de nuevo en todo esto?"... no gran cosa. La gilipollez de que la empatía es la base de todos los "cálculos" que, como calculador, hago antes de responder a cualquier pregunta.
Hace una semana o así, descubrí que de pequeño yo tenía una inteligencia superior a la media. Mi madre no quiso que fuera a un centro "especializado" para que no me sintiera superior a los demás. He de admitir que a día de hoy me siento superior a mucha gente que me rodea, así que posiblemente mi madre estaba en lo cierto al sospechar que no era buena idea el enviarme a un lugar así. Pero no puedo evitar pensar en qué hubiera sido de mi vida si las cosas no hubieran salido como salieron.
Y ya me he desviado mucho de la temática y de lo que iba a decir hoy aquí. Así que hasta aquí la entrada de hoy.
Un saludo
24 julio 2013
Ego en estado puro
No tengo mayor interés en continuar con esto... tan solo necesitaba escribir sin que surgieran preguntas incómodas o tener que dar explicaciones a nadie.
No quiero engañarme. Sí que tengo interés en que la gente se preocupe por mi. oir un "pobriño" o un "ánimo". Pero no quiero ir más allá. Quiero atención. No sentirme desplazado.
Llevo tres días sin levantar cabeza. Tres días en los que no puedo pensar con claridad, en los que no tengo ganas de nada, en los que no soy capaz de sonreír o de relajarme.
Antes tenía un apoyo. una tercera pierna, una vía de escape, una ventana al oxígeno... pero se ha ido. Volverá (espero), pero yo la necesito ahora. Necesito sentirme apreciado y querido. Necesito que alguien cargue un poquito conmigo. Yo solo no puedo.
Siempre me pasa lo mismo. Cuando alguien me da apoyo me vuelvo muy dependiente. En realidad es un poco diferente. Soy dependiente y punto, pero siempre fui saltando de apoyo en apoyo para no caerme. Yo solo soy incapaz de mantenerme en pie. Soy incapaz de avanzar sin alguien que me apoye y me empuje... a parte de mi madre.
No lo estoy pasando mal por nada concreto. Simplemente me siento solo ante un mundo al que no me quiero enfrentar. No quiero tener que pensar en qué ocupar mi tiempo libre ni andar detrás de gente con la que quedar. Nunca fue mi estilo, nunca me gustó, nunca lo hice, y no voy a empezar ahora.
No me siento suficientemente importante para nadie como para animarme a coger el móvil y darle a la tecla verde para crear planes de la nada. Siempre parto de que ese alguien tendrá más cosas que hacer y mejores, así que salto al siguiente de la lista, y luego al siguiente y luego al siguiente... hasta que veo el nombre de mi primera novia (Yolanda) y no tengo contactos más allá.
Así que paso una tarde-noche más sentado delante de un monitor que se apaga cuando quiere, intentando distraer la mente con un anime, vídeos de YouTube o jugando... actividades que ya no me llenan ni de lejos.
Empezar nuevos juegos, terminar los que ya tengo, explotar los que más me entretienen... es algo que ya no me apetece hacer. No me ha dejado de gustar. Simplemente no me entretiene lo suficiente.
He empezado a hacer deporte (llevo unas semanas ya) y sí, ayuda... pero no es lo mismo. Cuando no estoy haciendo deporte (la mayor parte del tiempo) estoy apagado, desanimado... deprimido.
Me siento solo. Ese es el problema. No tengo a nadie con quien me identifique como uña y carne. No tengo un "mejor amigo". Tengo amigos; todos grandísimas personas. Pero no hay nadie a quien me haya abierto completamente y con quien me sienta realmente cómodo a la hora de abrirme.
No aguantaré esta situación mucho más... pero tampoco sé qué hacer para solucionarla.
Me imagino que poca gente me leerá. Dejaré caer un enlace a este blog mezclado entre otros en las redes sociales, para ver si alguien lee esta entrada y, como mínimo, me dice un "ánimo", aunque lo veo complicado.
Quiero llamar la atención. Quiero que se preocupen por mi. Lo sé, lo admito... lo necesito. Pero no quiero hacerlo de una forma tan descarada como para colgar esto en Fb.
Seas quien seas (si es que eres alguien), si has leido todo esto, gracias.
07 febrero 2007
The End
Estaba anocheciendo y miré al cielo. La luna, todavía creciente, ya comenzaba a tomar protagonismo en la iluminación de la ciudad. Volvía a mirar hacia delante. Las pocas personas que quedaban transitando esa solitaria calle me miraban con algún gesto entre sorpresa y miedo.
Me detuve delante de un escaparate y decidí mirar mi reflejo. La falta de suficiente luz hacía que más que un reflejo fuera un fantasma elevado sobre el suelo del establecimiento. El sombrero, junto con la gabardina, me daban un aspecto que se me antojó misterioso. La sonrisa que decoraba y a la vez medio deformaba mi cara me daba un toque de dejadez, unido con un leve aire de satisfacción. Posiblemente lo que causaba las extrañas miradas era el conjunto en sí.
Miré el reloj. Me obligué a seguir caminando; ya llegaba tarde. A pesar de la cuesta arriba y de lo cansado que venía del viaje, retomé la marcha. En menos de 20 minutos estaba en una bifurcación. Intenté recordar unas palabras: “en la bifurcación, a la derecha y luego a la izquierda… por donde está la iglesia rara. Luego todo recto”. Hice caso. Me metí la primera a la derecha y seguí caminando unos cuantos metros más. En una orilla del camino, al borde de una segunda bifurcación, se podía leer en un edificio “capilla de la virgen del dolor”. A pesar de lo extraño del nombre, y de que no era una iglesia en sí, tomé ese camino.
El tiempo y lo pequeño de la luna, unido a la falta de iluminación del camino, me hacían parecer una sombra moviéndose. Lo sigiloso de mis pasos ayudaba a pensar que no correspondía a ningún cuerpo físico y el viento ondeaba la parte de atrás de la gabardina a su antojo.
Llegué al lugar indicado. Saqué el móvil y pulsé unas teclas. Esperé el tono y colgué. Observé la zona y me senté en una piedra cubierta por la sombra de un árbol cercano. Escuché pasos, me levanté y avancé. Nos miramos a los ojos y ella inició una conversación:
- Llegas tarde- Pero llegué; y ya me voy. No me apetece meterme en más líos. Dime lo que me tengas que decir y olvídate de mí para siempre.- Lo que había que decir ya está dicho. Te hice venir para devolverte tus cosas… supongo que todavía querrás conservar alguna.
Hice como si no hubiera escuchado nada de lo que me dijo y me di la vuelta. Siempre se me había dado bien desaparecer sin ser descubierto; pero esta vez fue más fácil. Mientras me alejaba, pude escuchar algún sollozo. Tal vez de tristeza, tal vez mera actuación.
A mi también me daba pena… pero hay cosas que se caen por su propio peso.
18 noviembre 2006
Distracción
No acostumbraba a salir tan temprano, pero ese día le apeteció. Le gustaba encender el mp3 a todo volumen e ignorar al resto del mundo. Por lo menos en el camino hasta el instituto, donde tendría que volver a la realidad y olvidar el mundo fantástico en el que se metía; ese mundo en el que tanto disfrutaba estando. Salió media hora antes de lo habitual. Todavía no había amanecido, y eso le gustó. Le gustaba ver el cambio gradual de tono que iba sufriendo el cielo según el tiempo pasaba, los colores que iba adquiriendo según el sol se levantaba y lo que quedaba de ellos, cuando las nubes los tomaban prestados. También disfrutaba al ver los reflejos que los cristales dejaban en su camino y las figuras recortadas de los pájaros que vuelan a la vez que cantan en el cielo.
La primera canción que empezó a sonar en el mp3 era una canción que le gustaba mucho. Era una canción que ponía cada vez que quería pensar, pues era instrumental y no había letra que le pudiera distraer. La canción comenzó a sonar y una sonrisa se asomó lentamente en sus labios cuando la reconoció. Sin embargo, a pesar de ello y de la fuerza y energía que transmitía la canción, su pasó siguió siendo lento, pero más firme.
Las personas que solían salir a la calle a esas horas y que, igual que siempre, ese día estaban siguiendo su rutina, se extrañaron al ver a un joven con unas vestimentas tan extrañas. A pesar de ello, él actuaba como si estuviera solo. Caminaba en línea recta, por el medio de la acera, dejando que la gabardina ondease al viento.
Poco a poco, la sonrisa se convirtió en una mueca de atrevimiento. En una sonrisa de satisfacción. La música golpeaba en sus tímpanos y le transmitía una energía misteriosa, que le hacía sentirse capaz de realizar cualquier acto que se propusiera.
En su andar, seguía el ritmo de la música, disfrutando cada instrumento, cada compás, cada nota, cada vibración...
Se soltó el pelo, levantó la cabeza y miró fijamente a los ojos de un transeúnte que, por un instante, deseó no estar ahí y no pudo ocultar la mueca de susto.
Repentinamente, silencio... la canción había acabado y la energía dejó de fluir entre sus células. La sonrisa atrevida rápidamente se metamorfoseó en una mueca de tristeza. La siguiente canción era una que le traía recuerdos... posiblemente en otra época los hubiera calificado como buenos recuerdos, incluso tal vez hasta deliciosos... pero ahora dolían. El paso lento y firme se convirtió en un extraño vaivén de piernas, inseguro e inestable. Sus ojos miraban en dirección al suelo, pero no se fijaban en nada. Sus pensamientos de dolor lo cegaron ante todo.
Tanto lo cegaron, que no vio que las baldosas con recuadros que llevaba recorriendo varios metros se convirtieron poco a poco en asfalto liso, oscuro y frío. Tan ciego se quedó, que la línea blanca sobre la que puso el pie no le indicó nada. La ceguera llegó hasta tal punto, que las luces que se aproximaron rápidamente por su izquierda no le advirtieron de nada. Su dolor era tan fuerte, que también estaba sordo ante el claxon que sonó, instantes antes de convertir el dolor mental en físico…
Y luego silencio… y oscuridad.
26 octubre 2006
Vida #1
Tiempo ha que no me pasaba por aquí... El texto que pondré a continuación, es el capítulo 1 del último episodio de mi vida...
Me prometí a mi mismo que no lo pondría aquí hasta que no lo hubiera completado... pero no he hecho nada hasta ahroa desde hace más de una semana y también me prometí mantenerlo más o menos actualizado. Aquí cuento en poco más de dos páginas, el desarrollo de unos hechosque incluyen una extraña relación con una extraña persona, elotra relación con otra persona, incluyendo el final de esta segunda relación, y el momento, el modo y los caminos que seguí hasta conocer a mi actual pareja...
En los capítulos siguientes, redactaré mi relación con mi pareja y los problemas más destacables en ella, así como los mejores momentos surgidos a lo largo de la misma.
Capítulo 1
Un breve resumen
- ¡Vete a la mierda!
Así terminó la discusión. Dufil hacía tiempo que deseaba aclarar las cosas con Alba… pero quizás no de esa manera. De todas formas, ya no había vuelta atrás. Esa pelea era la definitiva.
Dufil se dio la vuelta y volvió a su clase. No pensó en nada el resto del día. Al llegar a casa, se tumbó en su cama y recordó ese 3 de diciembre… Su relación con Alba había cambiado ligeramente. Ambos habían confesado que creían sentir algo más por el otro, pero que mejor sería dejarlo de lado, pues ninguno estaba seguro. Ese miércoles, en el recreo, Dufil salía del baño cuando se encontró con Alba. Un par de malentendidos el lunes habían hecho que no se encontraran el martes. Al verla, el joven se extrañó.
- Tú sabes bailar tango, ¿No?
- Ehm… sí, sé – Hasta ese momento, Dufil no había reparado en Victoria, que acompañaba a Alba.
- ¿Podrías enseñarnos a nosotras 4? Es que es para el día de la paz…
- Bueno, vale… os enseñaré.
- Perfecto. – Alba agarró a Dufil por el brazo y lo arrastró por los pasillos del colegio hasta el salón de actos.
Allí, subidos en el escenario, Dufil intentó indicarles a Alba, a las dos Victoria y a otra chica cuyo nombre nunca tuvo claro, los pasos básicos de baile. Debido a la diferencia de confianza con las demás, Dufil utilizó a Alba como acompañante.
Veinte minutos después, Alba estaba sentada sobre las piernas de Dufil, abrazándolo por el cuello y pidiéndole para salir.
- Pues… vale.
Ahí acabó todo. La sirena indicó el final del recreo y el día continuaba. Ni un beso de despedida, ni un abrazo cariñoso…
Al día siguiente, Elenita se acercó a Dufil y le invitó a ir a su cumpleaños, que se realizaría en sábado, añadiendo el dato de que Alba también iría, a pesar de que había faltado ese día a clase. Del jueves no recordaba nada más. El viernes, había sido un día decepcionante.
En la hora libre que tienen antes del comedor, Alba se había mostrado de todo ante Dufil excepto cariñosa… casi le había ignorado por completo, a excepción de un momento de abrazo. Las sospechas y las desconfianzas habían empezado.
Sábado. El regalo de Elena estaba listo. Dufil estaba preparado y tenía la dirección en un papel. Una vez allí, y tras descifrar el modo de llamar al telefonillo, descubrió que era el primero en llegar. Poco a poco fueron llegando las demás personas: la otra Elena, Alba y dos chicas más con las que nunca se había llevado del todo. El cumpleaños fue de todo menos lo que él esperaba. Al igual que el día anterior, Alba le había ignorado completamente. Además, había llegado a sus oídos la noticia de que “el domingo Alba cortará la relación”. No se atrevió a acercarse a ella en todo el cumpleaños. Puesto que él era el último que se iría, esperó a que Alba abandonara la casa para mandarle un mensaje anunciando el cese del noviazgo. La respuesta no se hizo esperar. Excepto por el “seguimos siendo amigos”, el mensaje era perfecto.
Lunes siguiente… Dufil se juntó con su gran amigo Brais y se pusieron a hablar un poco del asunto. La carencia de sentido ante la actuación de Alba los tenía a ambos desconcertados, hasta el momento de descubrir que Andrés había empezado una relación con ella pocos minutos después de haber recibido el mensaje de Dufil.
Ya era 18 de diciembre, y la pelea había sido a grito pelado, en medio del pasillo del colegio. Ninguno dio el brazo a torcer.
Los días pasaron. Dufil no había dejado de estar con Alba, puesto que tenían amigos en común. Pero procuraban no dirigirse demasiado la palabra. En los siguientes días, Dufil escuchó la palabra wicca en varias ocasiones de la boca de su ex-compañera y la intriga se le metió en el cuerpo. A pesar de ello, decidió dejarlo pasar.
Las vacaciones de Navidad fueron geniales para Dufil. Una vieja amiga, Cris, reapareció en su vida. Además había conocido a otra chica, Maite, con la que se llevaba bastante bien, aunque todo había sido por Messenger.
Llegó enero, y con él la vuelta a las clases. Dufil había tenido tiempo de sobra para pensar a cerca de lo que había sido su relación con Alba y sobre lo bien que se habían llevado, como para estropear la relación que tenían. Por lo que uno de los primeros días de clase, en un recreo, aprovechó para acercarse a Alba y pedir disculpas. El “vale” que salió de la boca de Alba como respuesta lo desconcertó, por lo que, al día siguiente, más tranquilo y tras haber pensado en qué decirle, se acercó y le preguntó:
- Ayer, cuando te pedí perdón… tu respuesta fue “vale”… me preguntaba si eso es que me habías perdonado o no…
- ¿Si te digo que todavía deseo que te caiga una bomba nuclear en la cabeza?
A Dufil se le ocurrieron tres o cuatro respuestas graciosas a ese comentario… pero decidió no decir ninguna.
El enfado de Alba a los pocos días se calmó y se volvieron a hacer amigos, pero a Dufil le seguía interesando el detalle de la palabra “wicca” que tantas veces había escuchado mencionar a su compañera. De todas formas, no preguntó nada.
Fuera del colegio, la vida de Dufil cambiaba radicalmente. Cada vez hablaba más con Andrea… esa chica que había conocido a través de un amigo de Maite. Por otro lado, sus amigos y Cristina encajaban bastante bien, por lo que no se privaba de estar con nadie. Poco a poco, las cosas empezaban a ir decentemente bien. A pesar de que con Alba no parecía estar todo solucionado completamente, no era un tema común y no se hacía un problema. También por esa época apareció Yurema… pero no es una historia que interfiera en lo ocurrido, así que no se darán detalles.
Enero terminó y febrero llegó. Las noticias buenas aparecieron por doquier… la relación con Cris comenzó aunque no se hizo oficial en ese mes. Juan llevaba todo el mes de muy buen humor y eso a Dufil le parecía una buena noticia. El grupo de amigos con el que Dufil solía estar, empezaba a tener un mejor trato con él. Al principio le pareció ligeramente sospechoso, pero pronto descartó las sospechas. Andrea, por otro lado, tenía su propia vida allí, en Barcelona, y Dufil siempre había sabido que su relación con ella no pasaría de lo que ya había sido, así que no le preocupó.
En marzo, a principios, Cris y Dufil anunciaron la formalidad de su relación. Ese mismo mes, a pesar de lo poco que había durado esa relación, ya se habían hecho cosas de las que posteriormente uno podría arrepentirse. Entonces fue cuando Dufil, ya en la cumbre de la felicidad, cayó en picado: una tarde descubrió que Cris y Juan se llevaban mejor de lo que él podía permitir. Su grupo de amigos lo sabían y no querían decirle nada; cuando se enteraron de que él lo había descubierto, lo dejaron de lado. Algunas de sus cosas más íntimas que le había contado a Cris, pasaron a manos de sus enemigos y, poco a poco, todos sus amigos se distanciaron de él.
Una vez más, el ordenador se volvió su rutina. Acostumbraba a pasarse horas y horas chateando con sus amigos, mientras miraba páginas web de diversos temas y con diversos objetivos. La escuela pasó, una vez más, a ser parte secundaria en su vida y, sus amigos de allí, poco a poco también se alejaban. Todo esto pasó todo abril y la primera semana de mayo.
Una leve discusión con Alba sobre temas anteriores que pasó en mayo, recobró el interés que tenía Dufil por descubrir el significado del término “wicca”, por lo que habló con su gran amigo Andrés, en busca de información.
Andrés dice:
Mira en esta página web, es el grupo de Messenger de una amiga mía que también afirma ser wicca… quizás te ayude.
Dufil entró en el grupo de Messenger y echó un vistazo. Página de inicio, introducción, relatos, hechizos, la religión… a fin de cuentas, era una religión politeísta, o eso parecía. Decidió que estar en el grupo no sería suficiente para obtener la información que necesitaba, así que se fue a presentaciones y agregó a las dos personas que habían puesto su dirección de correo electrónico.Al día siguiente, 23 de mayo del 2004, sobre las siete y cuarto de la tarde, una de las dos se conectó: Dhawan. Y comenzó la charla al respecto del tema que había impulsado a nuestro protagonista a agregarla: el término “wicca”.
16 octubre 2006
Vuestro equipaje
¿Qué hacéis en las calles? ¿Qué hacéis en vuestras casas? No dais la talla con la gente que no calla su verdad. La realidad no está en las calles. La realidad no está en las casas. La ropa. La discoteca. La rutina. El despertador. El maquillaje. Os preocupa el equipaje frente a cualquier viaje. Nací en este mundo, no sé si confundo los colores. Cada día me hundo más por mis ex-amores. Solo trato de vivir, de ser feliz, de ser aprendiz. De ir con la verdad por delante, entre tanta gente. Dar lo mejor es mi cuenta pendiente. Es mi respeto. La sinceridad dará toda la paz. La realidad que cuestiona los valores existentes, pero tienes que luchar por lo que crees. Sino, ¿de qué vale ser un peligroso de repente? Aunque no soy Dios, y es evidente que salirse del sendero es caer en la mentira, si creéis en lo falso necesitaréis aspirinas para la cabeza y para el corazón. Si seguís ese camino, os fallarán con toda la razón.
No elijáis a las personas. Dejad que os elijan. Las lágrimas empujan y los ojos de la gente dejan de tener la fuerza y de dar a los demás la esperanza de lograr un sentimiento. La gente no me entiende y yo me quedo sin aliento. Gracias Dios, por no tener que apoyarme en ti. Sigo vivo con mi corazón, y con razón, aún no estoy lleno con todo lo que sentí. ¿No os dais cuenta de que no conocéis nada? ¿Qué pretendéis hacer con vuestra vida? No podéis sostener las cosas que os importan con una mentira. Mirad por la ventana... y os daréis cuenta.
Aquel que no me conozca demasiado, y no sepa bien cómo escribo, pero que sepa un par de cosas de mi vida (como, por ejemplo, que soy daltónico), podría pensar que el texto que arriba aparece es mio. Pero no es así.
El texto que se ve arriba es la letra de una canción de un grupo de rap coruñés que se hacen llamar Ámbito Kinitoh. El título de la canción es "Vuestro equipaje" y muestra muy bien como veo la realidad... quizás una visión un poco anticuada, pero se adapta bastante bien a la actual si la empeoramos en algunos aspectos.
Simplemente quería aclarar eso... me gustó la letra y la transcribí hace tiempo... ahora sonó la canción y me pareció buena idea colocar la letra aquí... no sin antes releerla. [Edité algunas cosas para que el texto quedara más o menos como un texto en lugar de como una canción, pero las rimas se ven todavía... lo único que hice fue eliminar el estribillo]
Saludos: Sir Dufil
10 octubre 2006
Abandonado.
Caminé unos cuantos metros más y me metí en el bosque. Recorrí el camino que había hecho tantas veces antes y llegué hasta una pobre construcción de maderas. Simulaba una casa medio derruida, con incontables goteras y tablas podridas por todos lados. Antiguamente había sido realmente una casa. Pero ya no se podría denominar así. La miré con cierta nostalgia... una sonrisa se dibujó en mis labios y dejé a un lado la mochila, sobre la hierba todavía mojada de la lluvia de la noche anterior. Atravesé el umbral de una ya inexistente puerta y crucé un antiguo salón. La semiabertura de la siguiente puerta me indicaba el camino. Las escaleras, aunque tan viejas como la casa, seguían sorprendentemente en pie, así que procedí a subir, en busca de aquella habitación que, no demasiado tiempo atrás, me había servido de escondite. Poco a poco había ido llevando cosas y se había convertido en mi lugar. La ausencia de goteras y el baúl que en ella se encontraba habían hecho de esa habitación el lugar idóneo para esconder aquello que no quería que nadie viera.
Me senté en el suelo y apagué el móvil. Cogí la llave que colgaba de mi cuello y abrí el candado que yo había puesto para que nadie abriera mi preciado cofre del tesoro. Aunque me costó un poco, pude abrirlo y ver una vez más lo que en su interior se ocultaba: una botella de cristal, con restos de alguna bebida alcohólica, una navaja, unas cuantas velas, un mechero, tabaco, cuchillas... había cosas de todo tipo... incluso un trozo de tela que estaba ahí desde antes de que yo llegara...
Ese lugar siempre me había gustado por la tranquilidad de la zona, ya que nadie más que yo sabía que esa casa existía. En uno de mis antiguamente habituales viajes por el bosque, subido a uno de los árboles, pude divisar algo que me llamó la atención. Recordé más o menos el rumbo y llegué hasta la casa... por aquel entonces estaba más entera, tenía menos goteras, y me daba miedo. Hasta que un día decidí entrar y descubrí que no era tan terrible. El vacío que allí había demostraba que había sido saqueada en alguna ocasión. Lo descuidado del material, el crujir de las maderas, la fragilidad de las puertas que tiré en su momento... Recuerdo que la cocina, todavía a leña, me sorprendió bastante. El óxido que se acumulaba en las bisagras, las estanterías con algún bote de especia tirado por ahí... de vuelta al salón, había encontrado una puerta entreabierta que no pude mover, pero cupe perfectamente de lado. Al atravesarla, las escaleras me esperaban, mostrándome el camino a lo que posteriormente se convertiría en mi escondite secreto.
Desde ese día lo visité incontables veces... siempre que me encontraba mal, iba corriendo por ese bosque hasta esa casa, atravesaba ese comedor, subía esas escaleras y llegaba hasta esa habitación. El sentimiento de soledad, junto con la calma y el silencio, me permitían pensar con tranquilidad. A lo largo de los años, pude observar como poco a poco la casa se iba derrumbando a trozos. Como pequeñas maderas iban apareciendo y desapareciendo de muchos sitios y el modo en el que las plantas lo cubrían todo... Algunas puertas no las atravesé en todo ese tiempo, mientras que otras lo hice muchas veces, con distintos objetivos, aunque el que siempre primó fue el de investigar. Sin saber muy bien por qué, esa casa me había embrujado. Como si se hubiera sentido sola todo este tiempo y, cuando aparecí yo y le hice compañía, se alegró tanto que me llamaba una y otra vez... hasta el punto de ir hasta ella en muchas ocasiones sin tener ningún motivo real.
Todo eso y mucho más se me pasó por la cabeza cuando abrí el cajón cuyo candado había llevado tiempo atrás. Lo miré otra vez. Saqué una caja de cartón gris clarito y la apoyé a mi derecha. Saqué también la navaja y la miré bien. El óxido había empezado a hacer presencia en la cuchilla y había comenzado a invadirlo todo, como un gran ejército implacable conquistando un país. Con un sencillo juego de mano la cerré y me la metí en el bolsillo. “Esto aquí ya no pinta nada”, pensé. Miré la botella de cristal y la coloqué a mi izquierda “esto para tirar”. La cajeta de tabaco correría la misma suerte que el alcohol y muchos otros objetos cuyo valor ya despreciaba, aunque habían sido importantes en otro momento de mi vida. Las velas y el mechero las puse sobre la caja de cartón, así como la extraña tela que nunca me había atrevido a desenrollar, suponiendo que no sería más que una prenda vieja y apolillada.
Me quedé pensando. Mirando la nada. Pasado un largo rato, tomé el montón de cosas que había decidido tirar y salí de la habitación. Caminé hasta la cocina y las dejé donde se supone que había un cubo de basura que siempre me prometí llevar. Volví a mi rincón y miré una vez más los objetos que había apilado y no tiré. La noche se acercaba y la luz era cada vez menor. Encendí algunas velas con el mechero y las coloqué en sitios estratégicos, que ya había descubierto en anteriores visitas.
Con una iluminación perfecta, abrí la caja gris y saqué el primer sobre que había. Extraje la carta que tanto me había emocionado en su momento, la desplegué, y comencé a leer “Amor mío:” Hice una pausa. Cerré los ojos con intención de evitar las lágrimas, pero me fue imposible. Dos gotas de agua recorrieron mis mejillas hasta mis labios. Dejé que se cayeran al suelo e intenté leer más... pero no pude... me acurruqué en el suelo y lloré. Lloré todo lo que no había llorado en los últimos meses. Lloré todo lo que me había callado a lo largo de mi vida. Lloré hasta que no pude más. Y luego seguí llorando.
El amanecer me sorprendió. Una de las pequeñas separaciones entre las maderas que tapiaban la ventana, dejó pasar un rayo de sol que me dio directamente en los ojos, y me despertó. Me levanté con prisas, salí de la habitación corriendo, bajé por las escaleras, atravesé la puerta entreabierta y el salón. Salí de la casa y cogí mi mochila, que seguía donde la había dejado. Corrí hasta mi casa, donde me esperaban algo más que palabras por parte de mis padres, por haber estado fuera de casa toda la noche sin avisar...
07 octubre 2006
Mi historia. V1.1
A pesar de mi escaso, casi nulo, conocimiento de mi vida mortal, como inmortal me desenvolví bastante bien. Pronto aprendí las disciplinas que mi maestro me enseñó y aprendía moverme por las sombras.
Cada noche la cacería era diferente. Yo la hacía diferente. Cada vez era más rápido y silencioso. Cada vez los engañaba mejor... cada vez era más fácil.
Poco a poco me fui haciendo con cierto poder en la ciudad. Fui consiguiendo contactos y fui observando a diferentes personas para ver si podía conseguir algo de ellas. Me llamó en especial la atención una joven. Tendría aproximadamente 20 años y, desde que la había visto por primera vez, siempre consiguió lo que quiso. Tenía una determinación y una energía, así como una capacidad de engañar y jugar con las palabras que me sorprendió. Me dije a mi mismo “has de hacerte con ella... tiene que ser tu aliada”. Decidí no precipitarme por varias razones. La primera y más importante es que yo todavía dependía de mi Sire y éste no me permitía tener chiquillos. Por otro lado, yo tampoco quería tener una chiquilla sin haberla estudiado bien a fondo. Sin haber conocido sus trucos... no me gustaría que me controlase ella mí.
Por suerte o por desgracia, llegó una semana trágica para mi. Un martes, por culpa de un accidente de tráfico, mi observada falleció. El viernes de esa misma semana, mi Sire dijo que tenía cosas importantes que hacer y que se ausentaría hasta el domingo... pero nunca volvió.
A pesar de que me había centrado, sobre todo, en la joven, había estado estudiando a otros posibles candidatos a chiquillo. Había uno con el que me encapriché de sobremanera... era un joven de unos 16 años. Su padre era borracho y lo maltrataba. Su madre... nunca me quedó claro si había fallecido o si los había abandonado... en alguna ocasión me pareció entender que ambas cosas. El chico en cuestión, era justo el tipo de chaval que buscaba... pero le faltaba determinación. El odio invadía su cuerpo y no era capaz de cumplir la merecida venganza. Eso era lo que me echaba para atrás.
Hasta una noche... cuando llegué, el joven estaba en su habitación, con un cuchillo apoyado en su pierna. El padre no estaba y había algunos destrozos en la casa. Había vuelto a recibir una paliza. Pensé “si se anima a empezar, yo acabaré el trabajo y será mío.” Me fui a cazar y volví lo más rápido que pude. El chico seguía herido y el padre todavía no había vuelto.
Me quedé mirando al joven... observando sus movimientos y sus pensamientos. De repente, la puerta se abrió. El cuerpo tambaleante de un borracho entró en la casa. Tras proferir un par de gritos, se acercó a su hijo con la intención de golpearle nuevamente. Pero mi pequeño magullado se adelantó. Cogió el cuchillo que tenía en la mano y le asestó una puñalada en el pecho. Sangre, un grito, silencio. Rompí la ventana que me separaba de la escena y aparté al chaval de un empujón contra el armario. Aproveché el debilitado estado del padre para alimentarme de él... debido a mi apurada cacería no me había saciado completamente.
Giré la cabeza hasta mirar al chico directamente a los ojos. Me levanté y me acerqué a él. Lo cogí en brazos y le dije:
- Hiciste bien... llevo observándote tiempo y este hecho es lo único que faltaba para que me terminaras de convencer. Puesto que me has convencido, voy a darte dos opciones: La primera es venirte conmigo. Aprender las artes de la noche y descubrir un mundo nuevo y eterno en el que podrás hacer todo aquello que no hiciste en vida. La segunda opción, la muerte.
El chico vaciló un poco... le vinieron incontables preguntas a la cabeza. La duda se apoderó de él, hasta el punto de que se quedó paralizado durante unos segundos. Lentamente y con cierta timidez, asintió.
Hice lo que tenía que hacer... se convirtió en mi chiquillo y empecé, desde ese mismo día, a enseñarte todo lo que sabía...
06 octubre 2006
Mi historia. V2.0
Pocos años después del fallecimiento de mi padre, uno de mis criados me dijo que se había visto merodear “una misteriosa figura” por mi pazo. No le di importancia. “Ladrones” pensé, pero no me asustaban. No tenía piezas de gran valor en mi casa y el oro estaba bien guardado. Pasó esa noche y no ocurrió nada. Durante toda esa semana y la siguiente, todas las noches me llegaba el mismo informe: una misteriosa figura merodeando en mi territorio. Me extrañó de sobremanera, así que decidí contratar a algunos guardas para que vigilaran los terrenos. De todas formas, me extrañaba que alguien hubiera podido saltar los altos muros que rodeaban los campos o atravesar las puertas, puesto que yo raras veces salía de casa. Coloqué a los guardas de modo estratégico para que pudieran vigilar todo el parque.
Los resultados no se hicieron esperar. A la mañana siguiente los guardas afirmaron haber visto la figura extraña. Pero no pudieron capturar a la persona que fuera. Parece ser que desaparecía misteriosamente. Le resté importancia al asunto. De todas formas, dejé a los guardias, pero les di la orden de que si volvían a ver a la figura extraña que no le hicieran caso.
A los pocos días, la extraña figura dejó de molestar. Pasó un año y me casé. Mi vida en pareja iba bastante bien. Y Dios nos bendijo con una niña preciosa. Me encantaba verla correr por los jardines del pazo, con sus elegantes ropajes y su dorada cabellera al viento.
Inesperadamente, una tarde de otoño llegó una nota para mí. Era una invitación a una fiesta… más bien una reunión de negocios. El lugar de la cita quedaba lejos de mi hogar familiar y, por razones que desconocía en ese momento, mi familia no tendría permiso para ir. A pesar de ser una aclaración cada vez menos común, todavía había algunos nobles arraigados en las viejas costumbres, así que no sospeché nada raro y mandé preparar mi equipaje.
El palacete donde había sido invitado era mucho mayor que mi propia casa. Los criados estaban por doquier, aunque todos parecían ligeramente desconcertados. Me hicieron pasar por unas puertas de roble hasta un salón con pocas ventanas, pero las velas iluminaban bien la estancia. Me hicieron esperar sentado ahí y me dijeron que habría que esperar a que llegaran los demás invitados.
Ya estaba anocheciendo cuando me hicieron pasar a la sala de reuniones. La estancia era enorme… alfombras rojas decoraban el suelo, hermosos cuadros bien cuidados las paredes, acompañados de candelabros. Una enorme y preciosa mesa en el centro, con numerosas sillas a los lados, así como una en cada cabecera. En uno de estos dos exclusivos lugares, una figura me esperaba. Una figura majestuosa que tenía la cabeza agachada. La posición y la capucha tapaban su cara y una capa su cuerpo. En cuanto mis ojos la percibieron, un escalofrío recorrió todo mi cuerpo. El sonido de la puerta cerrándose detrás de mi me indicaba que no había más invitados que la persona que presidía la mesa y yo.
Me asusté. Mi corazón se aceleró y mis músculos empezaron a fallarme. Traté de no vacilar mientras caminaba hasta la mesa y me sentaba en el asiento más alejado de la figura posible. Levantó la cabeza y sus ojos me miraron fijamente.
- Te voy a dar dos opciones... aunque conozco tu respuesta. Primero te explicaré la situación y luego te diré las opciones que tienes. – Empezó a hablar ella. Por alguna razón, yo no podía moverme ni hablar. – Ahora mismo, tus terrenos están siendo atacados por un grupo de bandidos. Cuando acaben, lo quemarán todo... con tu esposa y tu hija dentro. No puedes hacer nada para evitarlo. Las dos opciones que tienes son las siguientes...
Hizo una pausa, su cara mostró una mueca de satisfacción y sus colmillos se asomaron de un modo casi tímido.
- La primera opción que tienes es morir ahora. Yo personalmente me encargaría de hacer que parezca que has muerto en el asalto que está produciéndose ahora mismo en tu parcela. La segunda opción que te doy, es que finjas tú mismo tu muerte en ese asalto y te vengas conmigo. No como mi marido, ni como mi amante. Sino como mi compañero. Mi socio... para toda la eternidad.
Sus palabras me desconcertaron de sobremanera. “¿Para toda la eternidad? ¿Habla enserio? ¿Me está tomando el pelo?” De un modo u otro, la firmeza de sus palabras demostraba que estaba convencida de que lo que decía era verdad, y por un lado eso me asustaba. Se levantó y empezó a caminar por la estancia. A su paso, todo cambiaba. Las sombras danzaban en el ir y venir del fuego, pero a la vez cambiaban de forma. Poco a poco, la oscuridad invadió la habitación, a pesar del fuego de las velas.
-¿Estás convencido ahora? – La voz de mi anfitriona se escuchaba desde todos lados – Puedes venirte conmigo para toda la eternidad. Este poder y muchos más pueden ser tuyos... únicamente si aceptas mi oferta.
Agaché la cabeza. Finalmente sí que hablaba enserio... pensé por un momento en mi esposa y mi hija. Pensé en los terrenos que tanto me había costado conseguir y me llené de odio. El odio invadió mi cuerpo y mis venas. Se me ocurrió un plan de venganza. Lo ideé todo rápidamente. Así que di mi respuesta:
-Acepto... me uniré a ti si así lo deseas...
Desde entonces estoy esperando el momento idóneo para cumplir mi venganza...